martes, 4 de marzo de 2008

Elecciones

Es tiempo de elecciones y por tanto es momento de hablar de ellas. No tanto de las propias elecciones que nos acontecen sino más que nada de uno de los aspectos de las mismas. Los políticos. Uno de los aspectos que mas me llaman la atención cuando se convocan elecciones es la cantidad ingente de partidos políticos que existen y a los que, por ley, se les ofrecen unos segundos de pantalla para que expliquen al pueblo quienes son y por qué debemos votarles. La característica que les une es que cada uno de ellos defiende una idea concreta, léase no al maltrato de animales, o la unidad de Españñña, o la familia tradicional. Entiendo que en el caso de que les dejasen mas tiempo para realizar sus explicaciones podrían desarrollar un programa mas elaborado que abarque mas aspectos de la sociedad, pero la sociedad de la información es la que tenemos y salir en un medio es mas difícil que encontrar trabajo estable.
Pongámonos serios, realmente un político es aquella persona que debe gestionar un gobierno, sea de un país, una nación, una región, una comunidad... que cada uno escoja aquella que mas le guste. Al fin y al cabo, se trata de un gestor. Un gestor, si, con un estilo determinado o con una manera de entender la gestión determinada porque realmente considera que esa es la mejor manera de gestionar. Considerando que, pese a caer en el reduccionismo, esta es una definición (una mas) de político, podemos entender que éstos se plantean su trabajo en pro de beneficiar al resto de la sociedad. Pensamiento pueril, tal vez, como diciendo que los políticos son buenos y nos quieren ayudar. Que pocas veces hemos leído o escuchado esta frase a lo largo de nuestras vidas.
Ilustremos todo lo anterior con los dos debates entre los candidatos a presidente que mas probabilidades tienen de salir elegidos. El señor Zapatero (como dijo un niño, aquel que hace zapatos) y el señor Rajoy (como dijo otro niño, otro presidente). Se han dedicado a decir lo mal que lo ha hecho uno y lo bien que lo hará cada uno si sale elegido. Es decir, según nuestra teoría lo que deberían haber hecho es plantear un sistema de gestión y debatir sobre por qué uno destaca unos puntos determinados y por qué no otros. De esa manera los electores podríamos decidir que sistema de gestión nos conviene más o cual nos parece mas apropiado. Dando por supuesto (pardillos) que la aplicación se hará de la mejor manera posible, entendiendo la aparición de errores puntuales porque, errar es humano y hasta político.
Desgraciadamente la realidad no acompaña la idealidad. Esto provoca desidia en el electorado y entonces la razón se convierte en emoción. Por tanto aquellos que tengan una manera de pensar y de entender la vida acorde con el partido político que sea volverán a votar al mismo candidato, sea quien fuere. No hay ya un planteamiento de sistema de gestión ni de aplicación del mismo, simplemente este me cae mejor, el otro me cae peor y además en el debate he visto que la corbata no iba a conjunto con el cinturón, por lo que no puedo ser gobernado por un hortera de tal magnitud.
Estamos tan acostumbrados a que nos enseñen que tenemos que comprar, que tenemos que comer y cuanto tenemos que pesar, que dos debates irrisorios y vergonzosos en los que nadie ha dejado claro, deben servir para aclarar al electorado la posición de uno y de otro. Mal vamos. Supongo que las cadenas que los emitieron y aquellas que consiguieron cuotas altas de audiencia obtuvieron jugosos ingresos por parte de las empresas de publicidad.
Bienvenidos pues al mercadillo de la política. Realmente todo este zipizape no hace más que reforzar mi posición del voto en blanco. No, no tengo nada que ver con el grupo pseudo político que ha surgido de vetetuasaber y que quiere asumir todos aquellos votos en blanco. Mucho tiempo libre tienen algunos. Soy lo que se podría definir de la peor manera como un político apolítico, es decir, aquel que le gusta la política, que cree en la política pero que de los cientos (?) de partidos políticos que existen en el territorio que comprende la península ibérica a excepción de Portugal y Andorra no hay ninguno que de la confianza suficiente para recibir el voto. Es que si hablo de política y digo España soy un nacionalista y si digo territorio nacional soy otro nacionalista.
Si llegados a este punto alguno tiende a pensar que en estas frases hallará una solución a todo esto está muy equivocado, a no ser que este texto lo lean los millones de electores que hay y decidan reflexionar, aunque sea en la taza del lavabo, sobre quien quiere que le gestione su vida los próximos cuatro años, no sobre quien es más guapo, más alto y tiene las orejas mas pequeñas.
Lo más importante son las personas y recordemos que los del pueblo de al lado siempre han estado enemistados con el nuestro, que los de nuestra provincia no tragamos a los de la capital de la comunidad autónoma, que además no toleramos al resto de comunidades y por si fuera poco tenemos un odio visceral hacia los franceses.
Realmente estamos entre los mas tontos del mundo, celebremos votando por Internet que canción queremos que represente a nuestro glorioso país en Eurovisión y demostremos al resto del mundo que podemos vencer porque somos los mas mejores.

Alea jacta est.

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